Otros lugares que a tu pinche cerebro le gustaría 'nutrirse de...'

sábado, 16 de junio de 2012

Dejas de estudiar! Welcome to the holgazanería planet.

Después de mucho estrés, idas al baño, amanecidas, madrugadas, pasadas de hambre, nerviosismos, y un vainero más. Finalmente terminé estudios de 'secundaria' o como se le dice acá, ya terminé el 'bachillerato', finalmente el estrés de levantarte todo asustado a las 6:55 de la mañana porque ya es casi totalmente tarde para bañarte, vestirte, y salir (como dicen en España) cagando leches al colegio... Estudiar 10 minutos antes de la prueba, salir del salón a pedir lápices, borradores, sacapuntas, hojas de examen, hojas blancas, o un creyón negro en caso que no tengan lápices que darte. Pelear con el portero para que se haga el loco y no te eche la 'paja' con los directivos, con el hecho que llegaste tarde. La gastadera de plata en la cantina (porque en mi colegio la comida es carisima y encima es mala) comprando pan duro relleno de fiambre y agua de fruta, sí, agua de fruta, porque es como si dejaran las frutas remojando en agua y te sirven ese brebaje que resta de eso...

Pero después de todo, fue genial mientras duró, como jodí con mis amigos, las veces que casi salíamos de clases a protestar por alguna güevonada "injusta" a la hora de las evaluaciones, la vez que nos regañaron por tener el salón de clases vuelto un culo porque rayamos las paredes con marcador, cada vez que jodían al negro del salón porque se salía en plena clase, las caimaneras de fútbol en clases de educación física, los infinitos profesores de matemática/física, los chismes mas palurdos que jamás pudieron existir. Y un sin fin de vainas que ahorita no recuerdo. El punto es que, el liceo es genial mientras dura, después todos tus compinches se dispersan y quedan unos pocos, así que, si aún estás en en liceo/secundaria y estás leyendo esto, aprovecha y destruye todo lo que puedas, lamentarás no tener mucho que recordar.

"Quisiera vivir para estudiar, no estudiar para vivir."
Sir Francis Bacon (1561-1626) Filósofo y estadista británico.

miércoles, 6 de junio de 2012

Lujuria, envidia y orgullo.

Últimamente he sometido a observación a mucha gente que conozco, su forma de actuar ante lo imprevisto, su modus operandi, sus decisiones, y todo aquello que esculpe su imagen ante los ojos de los demás, y me he topado con conclusiones bastante... Culminantes. Todos sabemos que Facebook está lleno de carajitos y carajitas que, si el 'orgullo' fuera un cáncer sin descubrir, estarían destinados a morir, ni la quimioterapia los salvaría. Gente que, vive de la imagen, de lo que les pasa al frente, todo aquello que se pueda etiquetar como sexual, lujurioso, provocativo. Y si es fácil de conseguir, mejor. Tipas (porque no se les puede decir 'mujeres') que se toman fotos que, en lugar mostrar belleza, pureza, madurez, o si quiera inteligencia, sólo muestran lo que las masas piden, lo más terrenal, carnal y sexual que puedas mostrar. Gente que se sienten dioses, o superiores a los demás, dejando de lado que la misma lanza que mata al pobre, mata al emperador.

Una minifalda que controla vidas, un servicio que reemplaza el contacto humano, una búsqueda por lo fácil que hace que el esfuerzo, el sudor, las lágrimas y la espera, hayan sido en vano. Porque lo fácil ahora, es lo mejor (o eso es lo que muestran en televisión). Mujeres que se desmoralizan porque tienen a los hombres a sus pies, por el color de su lencería. Hombres que se enemistan por un par de labios. Artefactos que te ponen todo a la mano para que no te muevas. Llámalo innovación, llámalo progreso, llámalo efectividad, llámalo facilidad, llámalo comodidad... Yo le digo, dejar de ser.

Niñas que se quejan que los hombres somos terribles, que somos unos perros, que 'mejor sola que mal acompañada'... Claro, si apenas te sientan abres las piernas. Hombres que sueñan con tenerlas a todas, no se dejan ensuciar la ropa por la primera que lo rechace, y así se van, tomando, tomando, tomando hasta que crecen, se ven con 30 y se dicen así mismos, que se gastó la vida en pequeñeces. Ver caer a los que quizá merecían el corazón de su amada, junto con el sostén de su amante, junto con el pantalón que le humedece.